Opiniones

La otra Clara Ledesma

Publicado 03-03-2017

Clara Ledesma

Por Juan José Mesa

Marzo es el mes aniversario del natalicio de Clara Ledesma, y propicia la ocasión para rendirle tributo de una forma u otra.

Terminada la ocupación norteamericana, en medio de un ambiente electoral en el que resulta elegido Horacio Vásquez como presidente de la República Dominicana –quien promulga una nueva Constitución que declara abolida la pena de muerte, introduce el sufragio universal, prohíbe la reelección presidencial inmediata y nombra como jefe del Estado Mayor del Ejército y comandante auxiliar de la Policía Nacional a Rafael Leónidas Trujillo – nace Clara Ledesma el 5 de marzo de 1924, en Santiago de los Caballeros, en la casa marcada con el número 25 de la calle Sabana Larga, casi esquina El Sol. Más tarde se convertiría en una de las artistas más importantes de todos los tiempos.

Hija del periodista, escritor de ensayos sobre política y seguridad social, Bienvenido Ledesma Piedra – hermano de Aminta Ledesma con quien Rafael Leónidas Trujillo había contraído matrimonio en 1913 – y la reputada modista Beatriz Luna, de origen cubano. Clara era la segunda hija, y completaban la familia Ruth (la mayor), Iris y César.

Su infancia se desarrolla en su ciudad natal, en medio de un ambiente de calma, prosperidad y poder. En una casa donde acudían las damas de mayor prestigio de ese entonces… Viccini, Cabral, Reid-Cabral, las esposas de Ramón Marrero Aristy y Ramón Emilio Jiménez, entre otras importantes en busca de la confección de sus vestuarios y trajes realizados por la madre de Clara.

Cursa sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Ercilia Pepín de Santiago, que según los datos ofrecidos por su hermana mayor, fue buena estudiante y con gran aptitud para el dibujo, razón por la cual desde temprana edad ingresa a la Academia Yoryi, fundada en 1932 por quien fuera su primer maestro, Jorge Octavio Morel Tavarez (Yoryi), de quien adquiere sus primeros conocimientos y permanece bajo su formación hasta finalizar sus estudios secundarios.

La gran crisis económica mundial se comienza a sentir en todos los rincones de la isla y la política de Vázquez produce una grave situación de deterioro para el país que hace mucho más duro el golpe del Wall Street de 1929, dando origen a una rebelión, que sus cabecillas denominaron “Movimiento Cívico”. El 2 de marzo de 1930, renuncia el presidente Horacio Vásquez y el 16 de mayo de ese mismo año resulta electo Rafael Leónidas Trujillo Molina presentado como candidato por la Confederación de Partidos. De esta manera el padre de Flor de Oro Trujillo Ledesma –prima hermana de Clara– se convierte en presidente de la República Dominicana y gobierna hasta 1961.

La vida artística dominicana “no era mucha cosa”. En la primera década del siglo XX los pintores más afamados eran Arturo Grullón, Adiana Billini, Luis Desangles, Abelardo Rodríguez Urdaneta, Leopoldo M. Navarro, Francisco González Lamarche y Adolfo García Obregón. Hacia los años ´30 Celeste Woss y Gil en Santo Domingo –formada en Cuba y en Nueva York– con sus retratos, bodegones y desnudos criollos; Yoryi Morel en Santiago de los Caballeros con sus obras impresionistas y costumbristas; Enrique García-Godoy en La Vega, que hacía una extensa labor pictórica y formó a Darío Suro García-Godoy con sus paisajes surgidos de una visión propia; y Jaime Colón de Puerto Plata que se formó en Europa al lado de los grandes maestros de la pintura universal, quien se encontraba en París. Sin embargo, estos pintores serán los pilares fundamentales del arte dominicano en la primera mitad del siglo XX. Clara Ledesma que se encontraba bajo la tutela de Morel se unirá a ellos después de los años ´50.

En 1939, comienzan a llegar los pintores europeos exiliados: los de la Guerra Civil de España y los de la persecución Nazi, quienes contribuyeron con mucho a formar una conciencia de arte. Sobresalen Ángel Botello Barros, Mounia L. André Solaltehe, Eugenio Granell, Ernest Lothar, Rivero Gil, Compostela, George Hausdorf, José Gausachs, Joseph Fulop, José Vela Zanetti y Manolo Pascual. Ellos fueron los fundadores del Instituto Juan Pablo Duarte. En 1941 llegan Andrés Bretón, Wifredo Lam, Claude Levy-Straus y otras figuras del surrealismo. En 1942 se funda la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Mientras esto ocurre, Clara Ledesma en Santiago terminaba sus estudios secundarios y su aprendizaje con Yoryi Morel. Le habla a sus padres de todo cuanto está sucediendo en la ciudad de Santo Domingo y le manifiesta su firme deseo de continuar sus estudios en Arte. Logra convencerles, y en poco tiempo se trasladan a la ciudad capital para hacer posible su ingreso en la recién inaugurada escuela, para lo cual no tuvo inconvenientes.

Una vez en Santo Domingo, la familia Ledesma-Luna fija residencia en la calle Padre Billini, justo al frente de la Casa de España, y Clara Ledesma da inicios a sus estudios en Bellas Artes, recibiendo clases de Manolo Pascual, Celeste Woss y Gil, Vela Zanetti, George Hausdorf, José Gausachs y Jaime Colson, siendo estos dos últimos, con los que más se identifica y termina formando años más tarde el “Grupo Los 4”.

El año 1942 fue muy significativo. Iniciaron las primeras manifestaciones políticas desfavorables al régimen trujillista, pero en cambio, también fue el año en que comienzan a florecer las actividades culturales y la crítica de arte puede calificarse de profesional con Rafael Díaz Niese y Pedro René Contín Aybar a la cabeza. Posteriormente, con la celebración del “Primer centenario de la Independencia dominicana” abundan las exposiciones pictóricas y se inicia la publicación de Cuadernos dominicanos de cultura, lo que repercute de manera favorable en las artes y la cultura de la nación.

Clara Ledesma forma parte de la primera promoción de la ENBA. Termina sus estudios en 1948 y participa en la Cuarta exposición bienal de Artes Plásticas que se llevó a cabo en la Galería Nacional de Bellas Artes, del 16 al 31 de agosto de ese año y obtiene su Primer Premio con la obra Elisa.

Con este breve relato presentamos los primeros pasos de Ledesma y en el contexto histórico en que se produjeron. Sin embargo poco a poco, conoceremos a la formidable artista de: Pedro Ernesto Contín Aybar, Emilio Rodríguez Demorizi, Darío Suro, Manuel Valldeperes, Daniel Vázquez Díaz, Margarita NelKen, Ceferino Plasencia, Horia Tanasescu, Reginaldo Atanay, Paula Insel, María Ugarte, Rafael Llerena, Fernando Peña Defilló, Jaime A. Lockward, Danilo de los Santos, Edward Sullivan y de Juan José Mesa, entre otros, que conocieron muy de cerca su idea de la fantasía, su brillantez, su insaciable curiosidad, la lógica interna de su creación artística, y sobre todo, un legado que reafirma el testimonio de Ada Balcácer… “Clara era la libertad total de la mente femenina, en todo. Como aquellas figuras etéreas que nunca se asientan en el suelo, así nunca se asentaba su mente. Ella era su propia pintura, lo que ella pinta es ella”…

Muy pronto conocerán también, la artista que a pesar de haber luchado con las limitaciones que el paso del tiempo revela a la edad septuagenaria, supo en base a la coherencia, al dibujo y a la línea, conferir al blanco una verdadera existencia.



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